Muy pocas situaciones podrían representar mejor el contenido de la palabra "virtual" que el "no encuentro" del sábado 30 de mayo en la plazoleta de Avenida Rivadavia y Pueyrredón, de Rosario, a la que habíamos convocado, vía Facebook, con un objetivo tan ilusorio como absurdo: recibir al creador del juego Piedra, Papel o Tijera, Carlos Ismael Piedrabuena, en su regreso a la ciudad.
Excepto la lluvia y el viento gélido, nada pareció real ese día, en el sentido aristotélico del término, entendido como "sustancia individual". Julián Bonini, Guillermo Franco, Estrella Visconti, Agustín Ferro, Justine Fortavat, Estela Navas y María Clara Bonelli de Paz faltaron a la cita; pero dado lo fantasmagórico del paisaje invernal, en un barrio como Pichincha, entremezclado con el rufianismo y la prostitución de principios del siglo XX, por momentos se temió que fuésemos nosotros (¿los reales?) quienes resultásemos proyectados al "rarefacto mundo de las no cosas". 
Sí hubo juego, hubo torneo y hubo un ganador, feliz de reeditar in situ el triunfo del seleccionado colombiano de fútbol sobre el alicaído equipo argentino. Hubo risas, hubo café en El Riel, caramelos de la tierra de Juan Valdéz y una foto en sepia con el negro Olmedo (amigo entrañable de Don Piedrabuena), quien más real que su propia escultura, se propuso no dejar de sonreír hasta que diéramos vuelta la esquina para no volver.
Un par de automovilistas detuvieron su camino para observar la escena, pero no creyeron lo que veían.
Docente de la materia: Martín Groisman
Foto: docente de la materia, Martín Groisman
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